(O cómo hacer que una botella de aceite de oliva cueste 37,15)
No, no es que los precios se hayan subido a las nubes de repente. Afortunadamente las botellas de aceite del supermercado siguen costando más o menos lo mismo que antes y los comerciantes no se han vuelto locos viendo que los indicadores económicos publicados hoy en la prensa, sin ser optimistas son un poco menos pesimistas.
Es simplemente un poco de economía doméstica de 1º de ama de casa.
La culpa ha sido de la niebla. En Zaragoza, en invierno (cuando realmente llega el invierno independientemente de que sea aún otoño), hay dos fenómenos meteorológicos básicos. Uno es el cierzo y otro la niebla. Esa niebla espesa que no levanta en todo el día y que hace que a las 3 de la tarde tengas que conducir con las luces de carretera.
Pues bien, hoy nos hemos levantado con ésa niebla y nos acostaremos con la misma. No se ha movido ni para ir a hacer pis, a pesar de que algunos la llaman meona. Claro, con estas condiciones atmosféricas lo de ir al parque después del cole a comerse el bocata de nocilla y jugar un rato es de locos.
Así que a la salida del cole ha habido follón. La peque quería ir al parque y yo quería ir a comprar. Una botella de aceite para ser más exactos, que llevo viviendo del aceite de mi vecina desde el lunes pasado y no es cuestión. Que los tiempos están como mucho para pedir algo de azúcar, sal o harina, pero no se puede ir por la vida pidiendo que te llenen un tupper de aceite de oliva virgen extra.
El caso es que ante el follón hemos cambiado el tandem parque-Día%, por el tandem Ludoteca-Carrefour.
La ludoteca del Carrefour es un invento maravilloso. Los niños se divierten, pintan, se disfrazan y juegan mientras tú compras tranquilamente sin tener que ir vaciando el carro cada dos pasos a causa de todo lo que ellos han metido dentro. Y además es gratis.
Así que ni corta ni perezosa, he dejado a los niños jugando y me he encaminado hacia el supermercado a comprar mi botella, sin tomar las precauciones necesarias, que son fundamentalmente atarse las manos y cerrar los ojos hasta llegar a ella.
Iba yo camino de la botella (la han colocado al final los muy cabritos), cuando me he tropezado sin querer con el estante de los turrones. A mí no me gusta el turrón. Bueno, sólo me gustan el blando, el duro, el de yema y el de nata y nueces. ¡Ah!, y el de chocolate. Bueno, una tableta del de chocolate que ya estamos casi en navidad y los niños aún no lo han probado.
He seguido andando, y pensando en el disco de música clásica que lleva D. tres días pidiéndome. Seguro que hay alguno baratillo, de unos 8 euros. Ahora subiré. Pero..., no puedo comprarle el disco a D. y no llevarle nada a L., he pensado al mismo tiempo que pasaba por delante de un maletín de brillos de labios infantiles con sabor a cereza que harían las delicias de mi pequeña ratita presumida. Total, son 5 euros.
Contando la caja de leche que había cogido un minuto antes, por si las moscas, ya llevaba 3 productos en la mano y aún no había llegado al aceite. Corriendo, he alargado mi gacheto-mano hasta el Hojiblanca de oferta a 2'99 y he subido las escaleras hacia la estantería de los discos sin mirar atrás.
La estantería de los discos. Esa gran olvidada. Cada vez ocupa menos espacio en las grandes superficies y cada vez está más escondida, con lo que hay que pasar por muchos sitios antes de llegar a ella. Entre ellos la zona de papelería en la que aprovecho para coger unos lápices, pegamento de barra y unas pinturas de cera que le hacen falta a D. que tiene todo el material escolar (el que no ha perdido), hecho una porquería; y la zona de los libros, en la que mi mano derecha (la izquierda está atiborrada de productos), adquiere vida propia hasta alcanzar el Ensayo sobre la ceguera de Saramago, que aún no lo he leído y ya va siendo hora.
Al final, mi botella de aceite se ha convertido en sí misma más una caja de leche, una tableta de turrón, tres lapiceros, unas pinturas, un estuche de maquillaje infantil, dos pegamentos de barra, un disco de clásicos para piano y un libro. ¡Ah!, y un botellín de agua.
Total: 37,15
Esto es la economía doméstica y lo demás tonterías.